Para Andrés Baiz Ochoa el cine siempre fue su pasión, desde que tenía doce años se le metió en la cabeza que quería trabajar en este arte. La inclinación por contar en imágenes cobró fuerza cuando una cámara Sony Hi 8 llegó a sus manos y él decidió filmar sus tareas y los profesores impulsaron su idea. Se decidió por el diseño industrial. Pero se retiró y viajó a estudiar cine a Estados Unidos. Pero un día, anunció que se devolvía al país. Allá era uno más entre una masa enorme de aspirantes. Acá –se dijo–haría cine.
Actualmente Andi Baiz es un joven director de cine colombiano, que trae una nueva propuesta al cine actual, balanceando su estilo entre hacer cine de taquilla y un cine con un estilo propio Baiz se muestra como un tipo afable que no se cree la fama.
Le interesa saberse original es por esto que podemos ver como en sus películas aborda la realidad de una manera distinta, trata con temas diversos y a pesar de conserva su estilo no se encasilla en género en específico pasan por thriller, drama, e incluso una historia de época, Andi Baiz es una suma de lo variado, no tiene inconvenientes en dirigir cintas de pasiones bajas y sucesos terribles como Satanás y La cara oculta.
Pero a pesar de su versatilidad es transversal en todas sus películas incluso en su cortometraje el tema de la desolación y tragedia, sus películas no traen mensaje al perecer no está interesado en enviarlos, pero si transmiten emociones y sin importar el trasfondo temático de la película que está realizando esta la realiza con la intención de creas emociones en el espectador.
A través del manejo de la fotografía en los productos de Baiz podemos ver su inclinación por una estética limpia, con un gusto particular por el uso de las sombras y colores azules y opacos, acordes de alguna manera con los temas manejados en cada producción.
Varios de sus amigos más cercanos y personas con las que trabaja cuentan que en su faceta de director es severo a la hora en la que debe tomar una decisión compleja en el rodaje y la asume sin dilaciones y sin perder la chispa que lo caracteriza y que no tiene reparos el confesar que hace televisión para ganar dinero y cine porque lo emociona hasta la médula.

